
Tú tienes un yogur en la mano y piensas... ¿cómo ha llegado esto a mi mano? ¿quién ha creado ese sabor tan intensamente parecido a la manzana? ¿por qué tiene esa inconfundible textura del mejor yogur griego? Y es que ¡vaya! Todas las cosas que te rodean no han llegado ahó por sí solas ¡qué va! Alguien: mujer, hombre, máquina ha hecho que ahora ese intenso sabor a macedonia te inunde la boca. Y te imaginas una gran mesa redonda donde un grupo numeroso de personas piensan en un producto, vamos a ver ¿Qué será? ¡Pues un yogur! Buscan un envase apropiado, hacen estudios de mercado, prueban miles de fórmulas, análisis de calidad... todo son un montón de procesos para que luego tú te lo comas. La publicidad que los encubre: esos anuncios que te machacan por el televisor, las marquesinas de los autobuses, los autobuses, en los vagones del metro, en el periódico, en las revistas, en la radio... y así hasta que la parte metálica de la cuchara toca tu paladar y ¡alehop! lo que fue un proceso inicial ya tiene un final que es tu boca que a la vez alberga otras cosas: que te guste y que compres más, mucho más. Todas las cosas tienen su proceso, su elaboración. Ese maldito yogur ha sido juntado con otros muchos y llevado en grandes camiones por grandes camioneros a grandes supermercados para que pequeñas mentes lo lleven a su gran boca. ¿Curioso no?