
Bang bang y todo se acabó. En Virginia están las pasas pero también las balas. Ayer 32 personas no probaron de lo primero sino de lo segundo. ¿QUién les abasteció? Un loco/pirado/degenrado/enfermo mental con muchas horas disparando al aire y odio concentrado... ¿cómo acabó el susodicho? Con su vida y con la de otros pobres que no tuvieron culpa alguna. La historia se repite pero en proporciones desmesuradas... Columbine se multiplica casi por tres. Muchos arcos de seguridad, mucha educación, pero las armas siguen estando a pie de calle para cualquier tontaina que quiera disparar a una lata de cerveza, un pajarraco o unos sesos... Si la cosa no se sujeta por los cuernos, más de mil emebestidas dará este invento del demonio y más almas se llevará, una a una, bala tras bala. Siempre me gustó el nombre de Viriginia, aplicado a una mujer, a una ciudad... ahora lo asocio a sangre y dolor.