![]() Visiones de un visionario...
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
A lo lejos se distinguía una figura más bien ajada, como si se hubiera trazado de un solo plumazo sin detenerse en perfeccionar los bordes. Pongamos a esa vaga sombra un género: el masculino y maticemos: es un hombre, de unos treintaiseis años. Su andar nos indica que no se encuentra bien, no anda como un cojo o como alguien que echa de menos su pierna. Más bien se arrastra, o flota como un arcángel que intenta aprender a serlo. Creo que no es más que un puto drogata de los que abundan en el barrio. Me pregunto qué coño hará aquí si esto es una zona residencial o al menos eso ponía en el catálogo. -Buenas comunicaciones. Cerca del metro y la estación de autobuses. Zona residencial,, próxima construcción en el dosmilnueve- ¡Y una mierda! Esto es un campo de yonkis, de drogados ricos o pobres que se ponen de cristal hasta las cejas, que se fuman su vida y no les importa una mierda quién seas o qué hagas tú con la tuya. Sin embargo en eso estamos de acuerdo. A mí también me da igual la suya. Míralo, se acaba de caer al suelo como un saco. Que se joda, ojalá le pise un camión el cuello. No pasaría nada. Sería como el humus que puebla mi jardín. Cuando llegue a casa me voy a fumar un porro y te voy a follar sólo como a tí te gusta, fuerte y duro (en mi mente). Imagina una puerta verde, ahora una mano agarrando el picaporte y una bisagra sonando. Aparece un nuevo escenario ante tí. Parece un hogar bonito, cuidado, con una decoración casi de revista. Sale humo de un sillón. Hay alguien ahí sentado. Maticemos: es una chica, de unos treinta años, media melena negra, ojos pintados de rojo pasión y un porro besando sus labios. No imagines ahora y concéntrate en lo que ves. Te atrae hasta sus labios y empieza a tocarte la polla sin dejar de fumar. Ante tí aparece otra puerta, es de madera clara, con una pegatina donde aparece un corazón roto. Más adelante hay una cama, luego oyes gemidos... Son dos chicos jóvenes que caminan de la mano en no se sabe qué dirección. Puede ser el cine, puede ser el parque o puede ser el supermercado. Da igual. Lo importante de la escena es que parecen ser felices. Sólo eso. Viendo a alguien de espaldas no dice mucho, lo mejor será que describa el frente. Efectivamente son una pareja, no parecen amigos y además me arriesgo a negar que lo sean. Ahí hay amor o al menos un intento de ello. Él se llama Juan y ella Ana. Juan le saca seis años pero parece más joven que ella. Los dos van fumando. No dejan de cogerse la mano en ningún momento. Esto sería una postal representando el amor (o no). Podría estar en un quiosco de París a modo de souvenir para que tú o ellos lo compren. Ya me imagino la foto en mi cabeza. L´amour. Sólo eso, nada más. Así de simple. Hoy es lunes y he comenzado el día siguiendo a éstos, pero bien podrían ser otros. Lo que me ha atraído de ellos es el peinado de él. Puede que parezca un gilipollas completo por fijarme en absurdidades como esas, pero me encanta su pelo. Quisiera arrancárselo y ponermelo encima. Sentir la suavidad y el olor de su champú. Parece recién lavado. En cambio el de ella está graso y seguro que huele a sudor. Los voy a seguir sin que me vean y voy a intentar olerlo. No es la primera vez ni la última que hago esto. Eso de trabajar el coño tanto, hace que el placer ya ni exista. Al principio si podía disfrutar con la variedad de género y encima ganar dinero. Todo empezó por hobby (me gustaba follar, ahora no) y al final acabó en trabajo; como el que hace un contable pero con el coño. En vez de teclear facturas me tiro tipos guapos, feos, apestosos, dotados, no dotados, buenos, malos, asesinos, santos, curas, políticos, da lo mismo, si tienen polla y necesidad, mis piernas se abrirán como un resorte. Gracias a sus colgajos, a su necesidad y al dinero, claro. Si no, me hubiera hecho contable, pero claro, ahora tendría mucho menos dinero. Además hubiera acabado hasta el mismísimo coño de cheques y de presupuestos, de recibos y de facturas. Lo que pasa es que como en todos los trabajos al final te cansas y creo que tengo estrés. Aunque claro, no sé si las putas tenemos un estrés como el de los demás o igual este es de otra tipología, no lo sé. El caso es que ahora follo sin ganas y el dinero no me hace feliz. ¿Me habré equivocado? Creo que seguiré trabajándome a los clientes. Hoy tengo a tres y vienen a casa: un abogado (o eso dice él), un albañil y un homosexual que quiere ser hetero (y que mal folla , joder). Si fuera una contable tendría que trabajar en un sitio y a mí me gusta llevarme el curro a casa. ¡Qué cojones oficina ni fichar en una maquinita! Igual se me quita el estrés pensando así o igual me vuelvo loca. Llaman al timbre, debe ser el abogado, menudo gilipollas. Esto me está doliendo... Este uniforme aprieta cada día más. ¿Soy el peso de la ley? No lo creo. Catorce años poniendo multas sin pestañear, dos tiros en las rodillas y los huevos subiéndome a la garganta gracias al miedo. La ropa pesa demasiado, la pistola marca en la báscula dos toneladas, las esposas me las debería poner yo y no salir a la calle... no repartir justicia, que para eso está el juez, bendito juez. Limítate a decirles a los turistas donde pueden encontrar la Gran Vía. Déjate de perseguir chusma y hacerte el héroe. Ser policía no es una vocación, no es un sueño. No soy Supermán ni quiero serlo. Sólo es trabajo, sólo dinero, es una hipoteca, son dos hijos, son sus estudios, son mis vicios, mis putas. Una cicatriz por encima de una antigua hernia me recuerda todos los días frente al espejo que también soy humano, que no tengo autoridad ninguna; que a mí me dejan desnudo enfrente de un asesino y me cago tanto o más que tú. ¿Seguridad? La misma que cualquier arma puede dar: ninguna. ¿Honor? Has visto muchas películas tú. ¿Sueños? Cero. Dame un buen sueldo al mes y dejo esto, en serio. Tiro la chulería, la supuesta superioridad y me dedico a repartir paquetes. Dámelo y lo cogeré. No te preocupes. A veces deseo que mientras paseo por la calle, un par de balas aflojen esta chaqueta que tanto me sumerge en el lodo que piso. Estoy a esto de desafiar a la muerte con una mueca de altanería (aunque sea teatralmente preparada). Intento dormir y oigo sirenas recorriendo mi cabeza a eso de las tres de la mañana. ¿Es eso normal? Son ya tres años con la misma canción. Toco mi herida y me echo a llorar como un marica. Mañana es lunes, me toca patrullar por Aluche. ¿Lo bueno? Mi compañera tiene un buen culo. Me gusta eso. Me anima un rato. Luego, quién sabe. Reconozco que el fútbol no es lo mío, vaya, que lo odio. Sin embargo a estas horas de la noche se me han escapado varias lágrimas viendo cómo toda la prensa española, tanto deportiva, como no deportiva, hablaban sin cesar de la desgraciada muerte de un muchacho de 22 añitos. Yo no sé porqué, pero esto me ha entristecido de la manera más inesperada que hubiera imaginado. Le envío ánimos a su familia y a su afición sevillana. Siento no haber llevado el orgullo del balompié en la sangre ni haber sido un gran hincha o por lo menos un amante del fútbol. Casualmente mientras veraneaba, vi el partido del Sevilla contra el Real Madrid y me alegré de que los galácticos perdieran... pero no me fijé en ningún jugador en especial, ni tan siquiera en el protagonista de esta fatídica historia... Descansa en paz. Como siempre, la muerte se lleva por delante a los que menos la necesitan. Creo que hoy me he dado cuenta de que quizás el fútbol como tal no es ninguna mierda. La imagen la he cogido de AFP. No me acompañaba el Conde Drácula, que va. Iba con un buen amigo en busca de una vivienda aceptable para él. No era Transilvania, era Madrid. No era de noche, era de día. No hacía frío, cuarenta grados y subiendo. Yo sentía bastante curiosidad por conocer el habitáculo. El anuncio rezaba así: "piso bien distribuido de dieciséis metros cuadrados. Con cocina y baño". - Creo que no deberías meterte en algo así- le comenté a mi colega. -Bueno, veámoslo, no hay nada que perder- me contestó. Yo creo que hay mucho que perder, pensé, ¿es ligero dejar tirada por ahí la dignidad?. Andamos, sudamos, hablamos y llegamos. Un portero con aires chulescos obstruía nuestros pasos. Nos miraba raro, como si fuéramos dos elementos no deseados en su apacible tarde de trabajo y sombra. Preguntamos por el piso y salió el tema de España, sus problemas y demás. Yo comenté que vaya mierda de país, que vivir es jodido, que irse de casa tal y cual y demás rollitos v de vivienda. El portero se exaltó y me dijo que no mentara a su santa España con esas palabras... ya de largo me fijé en la pulserita tricolor que llevaba y en su actitud trolesca, una pena. Subimos en un miniascensor (ahí todo era mini mini) como pudimos. Las funestas miradas también estaban dentro y nos sentíamos apretujados por su intolerancia y por mi asco. Un minuto más tarde llegamos al famoso minipiso que por cierto era de quince metros cuadrados. ¡Glups! Y sí, tenía de todo. Una bonita cama abatible, una mesa abatible, mesa de cocina abatible, un baño (rollo camping) con ¿ventana? y todo lleno de huecos. 600 euros por algo así hacen que las lágrimas casi afloren en tu joven rostro. Decepción a priori, sí, pero cuando lo ves se te cae el alma a los pies. ¿Lo peor de todo? Habrá más de un gilipollas que pagará por esa mierda y claro, nos afectará a todos. Cosas así deberían estar prohibidas. Ojalá la ley cambie... Al poco de escribir el anterior artículo me encuentro con esto ¿coincidencia? ¡Horreur! http://www.20minutos.es/noticia/269639/0/vivienda/cementerio/cuidado/ La tercera cifra del reloj digital está cambiando en este preciso momento. La música acaricia las paredes de mi cuarto y oídos; la toalla absorbe la humedad de mi cuerpo y la puerta del armario me dice los buenos días. Elección de muda, camiseta y pantalón, las zapatillas de siempre, cuanto más gastadas, más auténticas. Portazo y giro de llave, tres pasos y un botón, lo aprieto, bajo y ando, ando y ando. No voy solo, me acompañan algunos buenos artistas, sigo caminando y casi llego: ocho horas de quietud/atención y luego a la calle. Encuentros en este viernes que adoro. La tercera cifra ya debe estar bastante cambiada. Hay que reconocerlo: la chica tiene estilo. La foto es de Luis Alberto García. Creo que se me está quitando de la cabeza formar familia alguna... Mejor será ir solito por la calle... snif snif...
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