-Mi excelentísima, tiene usted cita con monseñor Rouco a las 4 de la tarde en El Escorial, ¿le mando traer el chófer?- preguntó Álvarez mientras se mordisqueaba las uñas.
-¡Cojones Álvarez! ¿Quiere sacarse la mano de la boca? ¿Acaso no aprendió en el seminario buenos modales?- increpó el cardenal blandiendo una estilográfica dorada.
-Perdone, perdone – replicó con cara de cordero degollado Álvarez.
Mientras sucedía tan banal discusión el teléfono sonó, pero no era el normal, era el del vaticano. La melodía polifónica con una canción de Roberto Carlos inundó la estancia. El cardenal palideció al segundo y dijo - ¡Álvarez, ¡responda!-
- ¡Y un cuerno, reverencia! A mí el Vaticano me da miedo- respondió de nuevo el obispo escupiendo un trozo de uña contra la pared.
-Esto es una orden ¡Cojones! Una orden del santo padre ¡Conteste!.
Un portazo se oyó en la sala, Álvarez se había largado cobardemente. Sólo quedaron el cardenal y la horrible melodía de Roberto Carlos.
Resoplando cual lanzador de jabalina, el cardenal cogió el auricular en forma de Jesucristo y habló.
-¿Si? ¿Dígame?.
- Le habla el cardenal Martino Martini, ¿espera usted la llegada de Rouco?- exhortó la voz con cierto deje metálico.
- Más bien me espera él – replicó el cardenal pálido como un santo cirio.
- Mire … el asunto es sumamente delicado. Monseñor Rouco Varela ha sido detenido por escándalo público en El Escorial y hemos abierto una operación harto complicada y delicada.
-Pero, dígame, ¿qué es lo que pasa?- preguntó el cardenal haciendo aspavientos.
- Mire lo único de lo que debe preocuparse es de ir al Escorial y reunirse con Rouco Varela.
- ¿Pero no está detenido?- preguntó el cardenal apretando fuertemente el auricular.
- Lo está, el que le va a recibir es Paco Clavel plenamente caracterizado. Él aceptó a cambio de unos euros- respondió Martino Marini.
-Bufff…- suspiró aliviado el cardenal. ¿Bueno y qué es lo que ha pasado?
- Digamos que el asunto está en la aparición de cierto material videográfico …
- Humm… ya veo ya veo. Entonces es lo de siempre, ya veo- dijo el reverendo con la cara llena ya de su natural color, el rojo.
A eso que llegó Álvarez con un abrigo listo para el reverendo padre y fueron a El Escorial donde todo salió como fue planeado. Paco Clavel no dio el cante y hasta la prensa tragó. Y así, de esta guisa y con la inestimable ayuda de Paco Clavel, Rouco siguió con sus aficciones …