![]() Visiones de un visionario...
|
|||||
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.
Desde luego, una alegría, por supuesto que sí. Pero prepárense señores... tendremos Ingrid hasta en la sopa. A ver qué titulares tenemos mañana... Levanta el pie del acelerador, si tú, ¡tú¡ No corras, que ya está bien. Deja ahí ese pantalón Burberrys y suelta ese Mercedes, déjalo aparcado en la acera. Hoy no te hará falta, que va. No eches esa última gota. Déjala dentro. Ahorra, guarda, piensa, aguarda. Dale una patada al consumismo. Deja las quinielas, lotos y euromillones para otro. No te hará falta. Come bocadillos vestidos de plata. Tira a un lado el cordero y el caviar. Frena, frena que te la endiñas. Y no queremos que te hagas daño "amigo". Reposa la pasta, llena el cerdito que no está el horno para bollos. Desacelera que "no" hay crisis. Y ví a un hombre hablando con una cajero de Cajamadrid. Y me fijé que lo besaba, y que sus lengua babeaba la salida de billetes. Atónito me acerqué y le dije -¡oiga señor, oiga!- a lo que el pobre individuo contestó con una voz ininteligible. Una especie de susurro formado por el sonido de los billetes arrugados en sus comisuras y las monedas que tintineaban en su bajo pantalón. Asustado me retiré y eché a correr hacia una cabina cerrada. El tipo seguía absorto abrazando tan despechada máquina y llevándose a la entrepierna una libreta de ahorros. Los gemidos se oían por todas las calles cercanas y yo en la cábina ni lo dudé. - Lo mejor será llamar a la pasma- Fuerza mayor- me dije. Y así fue. Ni tres pelotazos de goma llamaron la atención del sujeto. Él se aferraba a su portabilletera, a su talonario. Con una erección poco discreta intentó abrir la puerta de la sucursal y lo consiguió. Llegó a la ventanilla de cobro de recibos y raudo se dirigió a la caja fuerte. Con un giro testicular logró descifrar los siete dígitos y al rato estaba lamiendo los lingotes, llevándose a la nariz los ahorros de tantos y tantos ingenuos como él. Un balazo en la rodilla paró tan absurdo comportamiento y él se quedó ahí. Petrificado, estancado, anonadado. Un par de billetes de 100 euros asomaban de su nariz... Un par de billetes han empezado a arder en mi bolsillo. El olor me percató. Después vino el calor y luego los saltos por la calle. La gente miraba semejante espectáculo y nadie hacía nada. Paseaban, observaban, reían, hablaban... Lo que me dejó completamente desconcertado fue ver como las monedas de dos euros se fundían cayendo por mi pierna. Eso dolía y los gritos retumbaban entre las esquinas de la calle Preciados. La estampa seguía igual. Nadie paraba, nadie preguntaba. El chisporroteo que provocaba la piel de la cartera quemada me hacía reír. Una risa mezclada con el dolor. Un dolor divertido, vaya. Aún así conseguí caminar hasta una fuente y sumergir mi culo. El dinero se había ido pero yo estaba mucho mejor. La culpa fue de las rebajas. Malditas rebajas.
|
||||