![]() Visiones de un visionario...
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema CREACIONES. Levanta el pie del acelerador, si tú, ¡tú¡ No corras, que ya está bien. Deja ahí ese pantalón Burberrys y suelta ese Mercedes, déjalo aparcado en la acera. Hoy no te hará falta, que va. No eches esa última gota. Déjala dentro. Ahorra, guarda, piensa, aguarda. Dale una patada al consumismo. Deja las quinielas, lotos y euromillones para otro. No te hará falta. Come bocadillos vestidos de plata. Tira a un lado el cordero y el caviar. Frena, frena que te la endiñas. Y no queremos que te hagas daño "amigo". Reposa la pasta, llena el cerdito que no está el horno para bollos. Desacelera que "no" hay crisis. -Mi excelentísima, tiene usted cita con monseñor Rouco a las 4 de la tarde en El Escorial, ¿le mando traer el chófer?- preguntó Álvarez mientras se mordisqueaba las uñas. Por ser católica no eres ni tan buena ni apostólica. Tienes feligreses que comulgan en una voz tus credos en entierros, responsos, bodas y bautizos. El único cepillo que conocéis es con el que os limpiáis la sotana de pelusas y el que os llena las arcas para supuestas buenas causas. Machistas, racistas, anticuados … ¿creéis que os direferenciáis tanto del llamado fundamentalismo islámico? Penitencia, confesiones… culpa, resentimiento… claramente os habéis aprovechado de una historieta que ni se sostiene. Avanza el tiempo y todo sigue igual … ¿qué no hay inquisición? Bueno… hay cosas peores … ¡vaya! Un papa que fue nazi (increíble), miles de casos de pedofilia, negación de métodos anticonceptivos, negación del sexo por el sexo, negación de la homosexualidad como algo normal y natural. Os atrevéis a crear nuevos pecados y a condenar a aquel que los comete (¡horror!). -¿Excelentísima? ¿Puedo pasar?- preguntó el obispo Álvarez desde el quicio de la puerta. En su mano apretaba un misterioso paquete. Desde que llegó a Madrid cargado con sus cuatro maletas y su violín todo cambió. Tenía cara de español, le decían allá en Constanza. Sus amigos se reían de él porque le comparaban con Julio Iglesias. -Un Julio Iglesias sin un duro- suspiraba mientras se arrastraba por el frío y duro suelo de la Gran Vía. Allí en Rumania poco podía hacer tras licenciarse en óptica. Los sueldos en comparación con los españoles eran desastrosos y para colmo el precio de la vivienda estaba imparable. Sin embargo la culpa de ese cambio no tuvo nada que ver con el dinero. Iba más allá. Tanto se había creído Iván lo de su parentesco con Julio Iglesias y por tanto, con los españoles, que un día cogió sus pertenencias y probó suerte. ¿Dónde? En Madrid. Un amigo de su padre le había ayudado a esquivar los problemas "fronterizos" y confiaba en esa ayuda. Ya llegaba. Levantó la vista y vio el rótulo: Hostal Concha. Llamó al timbre y esperó. Abrieron. Subió. Llamó a la puerta. Concha apareció... (Continuará) Desde luego el peso de la levedad le atraía más que la pesada carga con la que disfrutaban muchas de las gentes que a veces tenía alrededor. ¿Acaso el buey de carga no preferiría lo mismo? ¿Es mejor volar o quedarse anclado al suelo? Elevaba su cabeza al cielo y los veía al fondo: ligeros, emplumados, libres, sin ataduras. La niebla le cogía de la mano y le obligaba a seguir inserto en sus pensamientos; pensamientos que sólo él conocía. Ni su mujer, amantes o hijos sabían lo que habitaba en el interior de su cabeza. De eso disfrutaba, de esa cárcel sin barrotes que guardaba en su interior y que de vez en cuando recorría mientras sonreía al kioskero o hablaba con un cliente. ¿Esa libertad? Era de él, de nadie más. Su único guardián, sin llaves, sin cerraduras, sin curiosos mirando a través de ellas. -Inquietantes pensamientos- se decía así mismo. Una gota le cayó en la coronilla y le resbaló por el cuello. Un escalofrío le recorrió la nuca. Los pelos se le erizaron y comprendió de nuevo que sólo quería vivir, disfrutar cada latido, desgracia y risas que le quedara. Quizás con ideales o no. Eso no le importaba. Igual la vida era más que todo eso. Realmente las ideas hacen al hombre, ¿o será al revés? Cuando hace 3 lustros su difunto padre pretendió explicarle lo que era vivir -que la vida se aprende a base de ostias-, su cerebro se comprimió en un pequeño agujero y ese intento de inculcar fue en vano, se transformó en un cero. Este hombre que se arrastra tranquilo por el verde y amarillo del parque ha aprendido solo. Y lo que es más importante, nunca nadie le dio una lección. Si de algo tenía que aprender era de sí mismo. De sus errores y aciertos. Esa sí era una buena filosofía. Un hombre le saludó y como respuesta levantó las cejas en señal de saludo. Seguía siendo libre en su cabeza, leve, leve... Eran las 6 y 23 de la mañana y los párpados pesaban; tanto, que sentía que le iban a aplastar los ojos. La luz amarillenta del cuarto dominaba las paredes frías y azuladas. El armario entreabierto daba juego a pensamientos relacionados con mostruos y fantasías. El portátil descansaba a un lado emitiendo un murmullo imperceptible. Los pies fríos sobre la colcha helada. Un picor en la mitad de la rodilla; luego subió al codo derecho yde ahí pasó a la espalda. La mano intentó por todos los medio llegar a ese preciso hueco que tanto picaba, más no pudo. La vista cansada. El sueño acechando y los párpados seguían bajando. Se rascaba la cabeza, bostezaba... murmuraba. Todo en vano, nada. ¿Cuándo acostarse? ¿Cuándo? El teclear lo animaba a seguir, a describir y a crear algo en ese espacio blanco que parpadeaba. Ilusiones, mentiras, pensamientos, esperanzas... sin duda alguna este sería el fin de la velada. Dos horas más tarde el reloj repicaría en su tono habitual y el dedo pulsaría el botón de apagado para nada. Se dormiría, llegaría tarde a trabajar. La irresponsabilidad llenaría su vida. Sería probablemente su martirio. ¿Qué le iba a hacer? Si era así, pues era así. Ninguna alarma iba a cambiar nada. Noches de transnoche. Luces encendidas, mentes que no se apaga. Ya es viernes, comienza la jornada. ¿Ves cómo no es tan difícil? ¿Lo ves? ¿Te das cuenta? No pongas tantas flores. No hay que sacar brillo. No hace falta que te reflejes en mis restos. No quiero. Te pierdes cuando me quieres encontrar. Una visita anual es suficiente. Veinte años de diferencia. ¿Cuá era? Estar vivo. A tu lado. Dos pares de piernas al unísono, paseando. Dos cuerpos en una misma cama. Juntándose, respirándose. La enfermedad. La incertidumbre. La espera. El final. La transparencia de la ventana está anulada por el azul del océano allá a lo lejos. Como sonido ambiente la respiración y el ligero siseo de la brisa que cosquillea mis orejas. Los pies desnudos, se apoyan sobre la alfombra. En la mano, una copa; en la copa agua fría y una rodaja de limón. En la otra mano, un libro; Coetzee y sus desgracias. Unas pisadas rompen esta orfandad de salón y un ligero beso se posa en su mejilla. Los pasos rebobinan y devuelven al lector su soledad apacible. Unos rayos de sol han comenzado a entrar y a reflejar su blanca luz en la página 23 del libro, justo donde dice -¿Estás casado?- Una sonrisa se perfila en su cara y alargando la mano cierra la hermosa cortina que reina la habitación. La nueva compañera, la penumbra hace su aparición y fuerza a entornar los ojos, a escudriñar cada línea y saborear cada palabra del libro. Un sorbo refresca los labios y un estornudo destroza la tranquilidad del momento. Hoy es domingo, va por la página 34 y comienza a tener sueño. Pachulí resbalando de las orejas al cuello. Con ochentaydos años, el mito erótico que fue doña Alba Medina Iríbar, se fue al traste; tanto como su cuenta bancaria. Mujer de cabaret, firmes pechos y docenas de amantes que durantes dos meses del año 1933 tuviera su momento de gloria, ligoteos y revolcones con algún general cachondón de la época. Faja en forma de bandera que antaño fue liguero. Antes una cinturita de avista capaz de poner de acuerdo a nacionales y republicanos, ¿ahora? Un bloque de hormigón armado, un mundo exento de geometría; el anticanon de la belleza griega. Como extensión a su mano arrugada y verdosa, una correa, y como extensión de la correa, un perro ruidoso debido a los cascabeles que lleva colgando del cuello. El collar que lo ahoga, una banderita de España, eso, sí, con el aguilucho. Ella se acerca a los noventa; la Gran Vía acaba de llegar a los cien años. "Espera que te alcanzaré", refunfuña la vieja mientras observa como su perro micciona educadamente contra una pared. Los pasos son lentos: viene a tardar casi dos horas desde la calle Aduana a Callao. Es exagerado. Al can no hay quien le pare. El que arrastra es él y no la vieja. Tiempos de gloria. De pasodoble, de la palmada en el culo, de los amantes, de las joyas y perfumes caros. De las envidias de las pueblerinas que se amontonaban en la Plaza de la Cebada. Eran tiempos dorados. Casi sagrados. Antes que con un buen par de cántaros y un buen culo te podías llevar a la cama a cualquier general. "Si Franco no hubiera sido tan nenaza, me lo hubiera revolcado", suspiraba la vieja... Al final con tanto paseo y tanto pensamiento positivo, la vejez la ganó y nunca llegó a alcanzar la edad de la vieja vía madrileña. El perro siguió tintineando por las calles ajeno a la muerte, ajeno a la gloria y ajeno al pasado. Ansias e instintos fundiéndose en un mismo deseo. Incisivos creciendo, impacientes por clavarse en la plenitud de tu piel. Allí donde la sábana se metamorfeó del salvajismo vegetal al raso suave de tus piernas de seda. Donde la caza se transforma en latidos rítmicos culminando en muerte placentera. Leones y tigresas emparejados bajo un mismo techo. Lenguetazos por norte y sur de tu geografía. Saliva viajando por cada esquina de tus misterios. La selva llenó el papel pintado de su cuarto y la noche tiñó la pantalla de la lámpara y el relax llegó al alba. Un abrigo frío de metal. Un resplandor el presente, una explosión el futuro. Escalando por el negro túnel para terminar en la dura boca. La adrenalina en su mano, las falanges rápidas, nerviosas, a punto de reventar. Un mal gesto, un insulto, esa mirada furiosa. Matar, matar... Allí... donde la cabeza era uniforme, el presente hizo mierda las leyes de la geometría. Nube roja, apretar de dientes. Lo último que vieron los ojos, el último viaje. Sólo de ida. En una cama roja plegado sobre sí mismo. Hundiéndose poco a poco... dejando el mundo... El concluir fue un golpe seco y más salpicaduras a los lados. Pequeño proyectil de metal... Aquel 17 se transformó en 27. Día supuestamente normal, igual, neutral... Paseo al trabajo, croisant en la mano... el misterio estaba por empezar. EL sol cambió de sitio, yo no. Seguía allí sentado, pensando... Reloj biológico que no para, que cambia. Unas manillas en la muñeca de ella: avanzando, esperando. Paseo al encuentro. Palabras vacías, indirectas. 27 años, 27 personas, todas se reducen a una, a tí. El final que no fue final, que se convirtió en principio. 9720 días y el azul es más azul, la sonrisa es más sonrisa... todo es mejor. Esta nota fue encontrada en un foro de la web de la localidad Villarealejos del Mango, pueblo sito en la provincia de Cuenca. Grandes historiadores como César Vidal afirman con total seguridad su veracidad. Denle a vuesa majestad un trono de oro y marfil. Cómprenle un nuevo cetro cubierto de rubíes y agreguen a su colección de barquitos, otro pero de mayor envergadura. Por la Santísima Virgen y por nuestro Dios Cristo, no arrebaten su ganado puesto a nuestra más altísima institución. Es un honor para mí gritar la palabra Rey desde la colina más alta del Parque del Manzanares. Es un regalo para mi existencia alabar su gestión y su importantísimo papel en ese gran proyecto de los españoles que fue la Constitución. ¡Pongo la mano en la llama por mi majestad! Si por mí fuera añadiría tres millones de euros a su pobre bolsillo. Rey de reyes, monarca entre monarcas. Siempre fiel a tí. Siempre bajo tu batuta, bajo tu mando... arrodillado ante tu gran cabeza real. La más extensa bandera amarilla y gualda ondeará en mis pensamientos cada vez que me acuerde de tí, oh mi rey. Capitán de mi yate, emperador de mis andares, luz que guía mi pobre vida... ¡Viva el rey! Fdo: el rey Aclaración a la nota: Poco después se demostró que todo era una farsa hecha por el alcalde de dicho pueblo, muy conocido por ir con corona a comprar el pan y a arar sus campos con un cetro de plástico. Los vecinos del pueblo cercano han testificado que es un impresentable. El no deja de repetir ¡viva el rey!. EL PAÍS: Humm...ya podría reventar el mundo hoy. Mañana no es un buen día. EL MUNDO: ¿Y eso? EL PAÍS: ¿No has visto el anuncio? Igual te sienta como una patada ahí mismo, pero el día 26 es clave. EL MUNDO: ¿Por? No he investigado nada de nada. EL PAÍS: Parece mentira. Mañana sale PÚBLICO. EL MUNDO: ¿ PÚBLICO? ¿Qué es eso? ¿Un nuevo supermercado? EL PAÍS : Creo que estás perdiendo facultades en materias de investigación. PÚBLICO es un nuevo periódico que nos va a comer vivos con el tiempo. Verás. Es de Nacho Escolar, y éste, es muy listo. Además tiene buena gente. Está Reig. tengo miedo. EL MUNDO: ¿Miedo? ¿A qué? El pastel nos lo repartimos tú y yo. No tengas miedo. ¿Miedo? Tonterías. A mí el Escolar éste no me produce ningún tipo de temblor. EL PAÍS: Yo me andaría con ojo, amigo. Tú espérate a mañana. Encima cuesta 50 céntimos, es a color y eso a los jóvenes les gusta. EL MUNDO: ¡A los jóvenes les gusta mi periódico! ¡Bobadas! Es el único medio veraz y objetivo de los que hay por aquí. EL PAÍS: Yo que tú ponía una velita a San Antonio. EL MUNDO: ¡Guárdate para tí las velas! EL PAÍS: Bueno... yo aviso Luego no me vengas llorando. ABC: ¿Pero qué cojones pasa aquí? ¿Quién tiene miedo de esos rojos de PÚBLICO? EL PAÍS Y EL MUNDO: Nosotros (gritando) ABC: Bueno, bueno. Comportaos como verdaderos españoles y echadle huevos. Además luego vendrá un diario más cañero. Más nacional. Veréis. EL PAÍS Y EL MUNDO: Arghhhhhhh Dos direcciones, dos puntos, dos finales. Dos auriculares, dos oídos, un sentido. Fila de individuos, leyendo, hablando, pensando. Desde el final al principio, todos huyen... ... permancecen, siguen, escapan, viven. Un periódico, tres libros, uñas de manicura. Dos miradas en la misma equis. Una caricia gris en su mano. Tres marcas de anillos, bisutería barata. Asientos de felicidad/Butacas de infelicidad. Empezó en una estación; terminó en un andén, siguió hasta la salida. Un fin que no era el fin. Ojos mecánicos siguiendo tus pasos; controles policiales de tu existencia, de tu trayectoria. Pleno rostro blanco de luz, aire de las ocho en tus labios, salir hacia afuera, donde no fue, donde ya no es. - ¿VEN LOS ETARRAS "CAMERA CAFÉ"? - ¿VE EL rey MUCHACHADA NUI? - CUANDO UN NACIONALISTA VIVE EN EL EXTRANJERO ¿ECHA DE MENOS SU PAÍS O SU "NACIÓN? - ¿EMANCIPARSE ES VIVIR FUERA DE TU CASA? - ¿LE IMPORTA AL rey LO DE LAS QUEMAS DE SU IMAGEN? - ¿ES UN POLICÍA DE PAISANO TU PAISANO? - ¿DICE LA GENTE LA VERDAD CUÁNDO LE PREGUNTAN SOBRE LA PENA DE MUERTE? - UN JUEZ EN LA CALLE ¿IMPONE? - ¿ESTÁ TAN BIEN VALORADO GALLARDÓN? - ROSA DÍEZ ¿SHOW O VERDAD? - ¿SALE A CORRER UN ETARRA? - ¿CUIDA SU PEINADO UN ETARRA O SE LA SUDA? - ¿FUNCIONAN LOS FUNCIONARIOS? - ¿VEN LOS CURAS POLONIATV? - ¿LES GUSTA A LOS CURAS SUS SOTANAS? - SI LA IGLESIA CATOLICA ELIMINARA EL CELIBATO ¿SE PONDRÍAN TODOS LOS CURAS A ECHAR CALIQUEÑOS? - ¿A LA GENTE LE GUSTA EL VINO O FINGEN QUE LES ENCANTA PORQUE ES COOL? - ¿TIENE EL POCERO UNA CASITA EN EL CAMPO? - ¿SE HA MIRADO AL ESPEJO EL SOLITARIO? - ¿ESTÁN ACOJONADAS LAS INMOBILIARIAS? - ¿SE ELIGEN LA ROPA LOS FUTBOLISTAS O SON ASÍ DE COJONUDOS? - ¿SE CREE LUIS DEL OLMO UN GURÚ? - ¿AÑORA RAJOY SER REGISTRADOR DE LA PROPIEDAD? - AZNAR ¿ES LISTO O SE LO HACE? - ¿VA EN METRO ESPERANZA AGUIRRE? - ¿DUERMEN BIEN LOS MINISTROS? - ¿A QUÉ MÉDICO ELIGE UN MÉDICO? - ¿VEN LO DE ALIANZA NACIONAL A BUENAFUENTE? - ¿EL NUEVO PEINADO DE EVA HACHE ES ASÍ POR LA POLÍTICA O SE HA VUELTO CHAVETA? - ¿SON UNOS MAFIOSOS LOS PRESIDENTES DE CLUBS DE FÚTBOL? - ¿FUE LA TRANSICIÓN UNA TRANSICIÓN? - ¿FUE EL rey INDISPENSABLE PARA LA TRANSICIÓN? - ¿VA AL LIDL EL REY? - ¿SERÁ MILEURISTA LEONOR? - ¿ECHARÁ DE MENOS LETIZIA SU VIDA COMO PERIODISTA? - ¿ENVIDIA LETIZIA A PATRICIA CONDE? ... ... El cortometraje "La vida de Laura" sale a la venta en el festival de cine CURTOCIRCUITO 07 , evento que se celebrará en la ciudad de Santiago de Compostela durante el próximo mes de octubre. Más información aquí: Camina, compra, lee, anda, estudia, ama. Saluda, sonríe, nada, lucha, goza, enfada. Nada, salta, baila, llora, besa, acaricia. Peina, lava, escupe, conoce, siente, escucha. Camino de caminos, en los que mis pasos reinan. Lugar de reuniones de quinientos desconocidos; deseando conversar, deseando meterse en tu cabeza... vivir. Triunfa, intenta, grita, grita, grita... el tiempo no es tu amigo, ni el mío. Salúdale, tócale, entiéndele, mírale. En un rincón de mi mundo; mis piernas cuelgan, se asoman a tu mundo. Cientos de piernas que caen por el muro: pegadas, juntas, parejas. Deseando juntarse, estrecharse, casi formando una. Camina, revienta, prueba, saborea. Vive, muere, pedalea, vuela... Sueña que me sueñas. Piensa que me piensas... Gozo gozar de este camino, que sigue, que prosigue. No se para, no se detiene, te tiene; me tiene, los tiene, nos tienen. Experiencias pasadas/futuras, nuevos ríos, nuevas caras. Pelea, lucha, piensa, no pienses. Ajusta, atina, duerme, chilla. Suelta, agita, revienta, estropea. Incongruencias del tiempo, que supe yo, conocería... tantos tiempos, personas, vidas, miradas vacías, perdidas. Un lugar que era oscuro se ha iluminado. Miles de teas me miran, me acechan, me atrapan... de cero a veintiséis años en un instante; todo llega, termina... Empieza, comienza... el principio, el comienzo. Termina, acaba... el fin, el final. Mitad de la mitad de mi existencia... no pares, existe, empieza. Una pared que termina por iluminarse casi cuando crees que es el final. Equivócate, tacha, corrige, inicia... El amanecer se mezcló con el anochecer, la puerta estaba entreabierta, no se abría. Luz de flexo salpicando mis manos, escribiendo, pensando... imaginando... Decenas de suspiros conforman mi lenguaje de la una de la mañana, suena la música: planetas que cantan historias tristes, ideales, constantes. Llamo al sueño pero se queda arrinconado, esperando. Confuso. Le digo que se tire a la cama, que me espere, que ahora iré. No me cree. Soplo las sábanas y reparto aire en este ambiente que me carga, que me encierra. Una cárcel sin barrotes, sin guardias y sin patios. Una prisión como espejismo de mis pensamientos. Una noche más de rebuscar en la cabeza ese algo que no encuentro. Se me echa encima, me muerde, me araña, me tira de los pelos. Me quedo quieto, en blanco, vacío. Sin nada. Espero que la noche me espere. Las falanges se cansan a horas tardías. Mejor dormir. Dejar entrar la oscuridad. Soñar que sueño lo que quiero soñar. Poder ver(te) aunque sólo sea así. Sentir(te). Los minutos se están riendo descaradamente de mí. Me miran desde la esquina de la pantalla y estallan a carcajadas. Menos mal que me acompañan la luz blanquecina de una lámpara y el ritmo constante que disparan los altavoces. Dicen que el cerebro está lleno de materia gris, mentira. El mío está en blanco, vacío, diáfano; y no por falta de inteligencia o exceso de estupidez. Una niebla se ha apoderado de los dos hemisferios y se ha tumbado junto al cerebelo a reírse de mí. Un buen brochazo de pintura negra igual consigue que la bruma despararezca y comience una nueva tormenta. Que tres rayos me saquen de este embotellamiento y de este tedio. Que deje el tiempo (quieto, parado) de molestarme, que siga su camino, que avance, que no se apoye en mí. Que no me tienda en el suelo y prosiga su camino. No me hace falta esta ceguera blanca. Necesito ver y enseñar los dientes en una bonita sonrisa. Quiero poner cara de foto y lanzarme a correr. -Blanco, blanco, blanco- ¿Cómo sería gris?- No debo esforzarme en ver la vida con más colores. Estos dos tonos me bastan. La tercera cifra del reloj digital está cambiando en este preciso momento. La música acaricia las paredes de mi cuarto y oídos; la toalla absorbe la humedad de mi cuerpo y la puerta del armario me dice los buenos días. Elección de muda, camiseta y pantalón, las zapatillas de siempre, cuanto más gastadas, más auténticas. Portazo y giro de llave, tres pasos y un botón, lo aprieto, bajo y ando, ando y ando. No voy solo, me acompañan algunos buenos artistas, sigo caminando y casi llego: ocho horas de quietud/atención y luego a la calle. Encuentros en este viernes que adoro. La tercera cifra ya debe estar bastante cambiada. Este uniforme aprieta cada día más. ¿Soy el peso de la ley? No lo creo. Catorce años poniendo multas sin pestañear, dos tiros en las rodillas y los huevos subiéndome a la garganta gracias al miedo. La ropa pesa demasiado, la pistola marca en la báscula dos toneladas, las esposas me las debería poner yo y no salir a la calle... no repartir justicia, que para eso está el juez, bendito juez. Limítate a decirles a los turistas donde pueden encontrar la Gran Vía. Déjate de perseguir chusma y hacerte el héroe. Ser policía no es una vocación, no es un sueño. No soy Supermán ni quiero serlo. Sólo es trabajo, sólo dinero, es una hipoteca, son dos hijos, son sus estudios, son mis vicios, mis putas. Una cicatriz por encima de una antigua hernia me recuerda todos los días frente al espejo que también soy humano, que no tengo autoridad ninguna; que a mí me dejan desnudo enfrente de un asesino y me cago tanto o más que tú. ¿Seguridad? La misma que cualquier arma puede dar: ninguna. ¿Honor? Has visto muchas películas tú. ¿Sueños? Cero. Dame un buen sueldo al mes y dejo esto, en serio. Tiro la chulería, la supuesta superioridad y me dedico a repartir paquetes. Dámelo y lo cogeré. No te preocupes. A veces deseo que mientras paseo por la calle, un par de balas aflojen esta chaqueta que tanto me sumerge en el lodo que piso. Estoy a esto de desafiar a la muerte con una mueca de altanería (aunque sea teatralmente preparada). Intento dormir y oigo sirenas recorriendo mi cabeza a eso de las tres de la mañana. ¿Es eso normal? Son ya tres años con la misma canción. Toco mi herida y me echo a llorar como un marica. Mañana es lunes, me toca patrullar por Aluche. ¿Lo bueno? Mi compañera tiene un buen culo. Me gusta eso. Me anima un rato. Luego, quién sabe. Eso de trabajar el coño tanto, hace que el placer ya ni exista. Al principio si podía disfrutar con la variedad de género y encima ganar dinero. Todo empezó por hobby (me gustaba follar, ahora no) y al final acabó en trabajo; como el que hace un contable pero con el coño. En vez de teclear facturas me tiro tipos guapos, feos, apestosos, dotados, no dotados, buenos, malos, asesinos, santos, curas, políticos, da lo mismo, si tienen polla y necesidad, mis piernas se abrirán como un resorte. Gracias a sus colgajos, a su necesidad y al dinero, claro. Si no, me hubiera hecho contable, pero claro, ahora tendría mucho menos dinero. Además hubiera acabado hasta el mismísimo coño de cheques y de presupuestos, de recibos y de facturas. Lo que pasa es que como en todos los trabajos al final te cansas y creo que tengo estrés. Aunque claro, no sé si las putas tenemos un estrés como el de los demás o igual este es de otra tipología, no lo sé. El caso es que ahora follo sin ganas y el dinero no me hace feliz. ¿Me habré equivocado? Creo que seguiré trabajándome a los clientes. Hoy tengo a tres y vienen a casa: un abogado (o eso dice él), un albañil y un homosexual que quiere ser hetero (y que mal folla , joder). Si fuera una contable tendría que trabajar en un sitio y a mí me gusta llevarme el curro a casa. ¡Qué cojones oficina ni fichar en una maquinita! Igual se me quita el estrés pensando así o igual me vuelvo loca. Llaman al timbre, debe ser el abogado, menudo gilipollas. Esto me está doliendo... A lo lejos se distinguía una figura más bien ajada, como si se hubiera trazado de un solo plumazo sin detenerse en perfeccionar los bordes. Pongamos a esa vaga sombra un género: el masculino y maticemos: es un hombre, de unos treintaiseis años. Su andar nos indica que no se encuentra bien, no anda como un cojo o como alguien que echa de menos su pierna. Más bien se arrastra, o flota como un arcángel que intenta aprender a serlo. Creo que no es más que un puto drogata de los que abundan en el barrio. Me pregunto qué coño hará aquí si esto es una zona residencial o al menos eso ponía en el catálogo. -Buenas comunicaciones. Cerca del metro y la estación de autobuses. Zona residencial,, próxima construcción en el dosmilnueve- ¡Y una mierda! Esto es un campo de yonkis, de drogados ricos o pobres que se ponen de cristal hasta las cejas, que se fuman su vida y no les importa una mierda quién seas o qué hagas tú con la tuya. Sin embargo en eso estamos de acuerdo. A mí también me da igual la suya. Míralo, se acaba de caer al suelo como un saco. Que se joda, ojalá le pise un camión el cuello. No pasaría nada. Sería como el humus que puebla mi jardín. Cuando llegue a casa me voy a fumar un porro y te voy a follar sólo como a tí te gusta, fuerte y duro (en mi mente). Imagina una puerta verde, ahora una mano agarrando el picaporte y una bisagra sonando. Aparece un nuevo escenario ante tí. Parece un hogar bonito, cuidado, con una decoración casi de revista. Sale humo de un sillón. Hay alguien ahí sentado. Maticemos: es una chica, de unos treinta años, media melena negra, ojos pintados de rojo pasión y un porro besando sus labios. No imagines ahora y concéntrate en lo que ves. Te atrae hasta sus labios y empieza a tocarte la polla sin dejar de fumar. Ante tí aparece otra puerta, es de madera clara, con una pegatina donde aparece un corazón roto. Más adelante hay una cama, luego oyes gemidos... Son dos chicos jóvenes que caminan de la mano en no se sabe qué dirección. Puede ser el cine, puede ser el parque o puede ser el supermercado. Da igual. Lo importante de la escena es que parecen ser felices. Sólo eso. Viendo a alguien de espaldas no dice mucho, lo mejor será que describa el frente. Efectivamente son una pareja, no parecen amigos y además me arriesgo a negar que lo sean. Ahí hay amor o al menos un intento de ello. Él se llama Juan y ella Ana. Juan le saca seis años pero parece más joven que ella. Los dos van fumando. No dejan de cogerse la mano en ningún momento. Esto sería una postal representando el amor (o no). Podría estar en un quiosco de París a modo de souvenir para que tú o ellos lo compren. Ya me imagino la foto en mi cabeza. L´amour. Sólo eso, nada más. Así de simple. Hoy es lunes y he comenzado el día siguiendo a éstos, pero bien podrían ser otros. Lo que me ha atraído de ellos es el peinado de él. Puede que parezca un gilipollas completo por fijarme en absurdidades como esas, pero me encanta su pelo. Quisiera arrancárselo y ponermelo encima. Sentir la suavidad y el olor de su champú. Parece recién lavado. En cambio el de ella está graso y seguro que huele a sudor. Los voy a seguir sin que me vean y voy a intentar olerlo. No es la primera vez ni la última que hago esto. Sonata de sonajero desafinado, hay en mi interior orquestas de pueblo mezcladas con ron. Golpes a desdén y con mala ostia en esa cosa llamada alma, grito por dentro pero sólo me oigo yo, nadie más escucha - el ruido sigue insistiendo- Pepito grillo enumera consejo tras consejo, yo me hago el sordo - prefiero escucharme a mí mismo. Ni moralejas ni finales con perdices, el oro es oro, la mierda mierda, la muerte el fin, nada más. Donde las agujas del reloj escriben la letra uve, me voy, me despido, me alejo y sueño - el griterío sigue- Esperaste al autobús, al taxi, a la muerte, al amor. Te esperó el autobús, el taxi, la muerte, el amor. Unías tus manos junto a las manillas del reloj y dabas vueltas -muchas vueltas- demasiadas. Te descolgaste junto a las hojas otoñales del calendario, -una a una- demasiadas. Espera a la novia, al novio, al análisis, al ocio. la paciencia se agita, el corazón se agita; la garganta siente el poder del nudo. Esperaste mil días a que todo se acabara pero seguiste recto, paciente, sin curvas. El final llegó con forma de frontal de coche color pasión. El color blanco de las sábanas te envolvió, te empaquetó. Rastros de sangre esperan a ser limpiadas... paciencia, paciencia... Aquellos ojos vacíos no pedían otra cosa que seguir mirando la hermosura de unos labios que antaño, fueron mitad crema, mitad fresas. Si por un casual hubieran tenido la más mínima oportunidad de fijarlos en su bello rostro, todo aquello no habría sucedido... sería un día normal en la evolución de esos dos amores que tuvieron la mala sombra de cruzarse con tres filos ansiosos por rasgar la noche. Las dos manos se fundían un un solo brazo, y al compás de la oscuridad tardía que reina la medianoche, paseaban su amor pausadamente, sin prisas, disfrutando de ese dulce aroma que hace que los enamorados olviden su razón de ser. Susurros cálidos galopaban de una oreja a la otra, de lado a lado, poniendo la piel de gallina de los dos amantes y embriagándoles de arriba a abajo. Ni cien mil abejas habrían producido semejante empalagamiento; sería imposible de superar. El camino de corazones se abría paso por las calles y unos segundos más adelante, seis pares de pies se movían inquietamente esperando a sus futuras víctimas. Babeando, transformándose en horribles criaturas demoníacas incapaces de distinguir entre el bien y el mal. El primer ataque rompió la sonrisa de ella y el segundo congeló el impetuoso coqueteo de él. Carteras vacías, navajas llenas (de sangre)... unos pasos que se alejan rápidamente, charco de pasión creciendo y extendiéndose. En su interior la mancha de petróleo no deja de crecer, la coraza recibe un brutal golpe y derrama la mentira: áspera/insegura/dolorosa, sobre aquellos dulces oídos confiados. Tonos azabache que se mezclan con el ajado sabor de la traición. La media sonrisa no es buena compañera de la mentira, del pecado; -compréndelo, la vida sigue amor, ¿amigos?- Al otro lado del hastío, mares asoman por las cuencas antaño llenas de ilusión. Navega un barco a punto de naufragar, de enamorarse de las oscuras profundidades que otras tardes fueron transparentes. Treinta meses después lo que dolió se olvidó, se perdió... acabó. Carpintería en mi azotea, ganas de ser Thor y clavar ese cuadro en la frente; si te pillaras el dedo lo dejarías, desistirías ¿verdad? si te lo arrancara y te lo escupiera a la cara ¿te dedicarías a señalar? ¿hurgar?... Globos de chicle de bayer explotando en mis oídos de felpa, nada que hacer, nada donde dejar mi sombrero. Me gana, me vence... cambio mis pies por mi cabeza y ando, corro, salto y caigo... De lino, lana o tela, da igual, es lo mismo. Cenital es la vista: los bosques, los coches, la muerte. Vuela fugaz camuflándose en nubes/pájaros/vuelos comerciales. No la consideraron arma de destrucción masiva, sólo magia, pura y dulce magia. Algunos momentos piden que la vida te convierta en vapor, los disparos en besos, los besos disparen a los disparos. Tela de azul infinito abrazando mi estela, por todas direcciones los momentos vuelan. La música francesa se descuelga por mis oídos, la razón se transforma en sinrazón y lo demás sigue. Ritmo interior que amartilla la mente en un tiempo de dos a dos, impaciencia porque las manillas lleguen a la meta, del ocio, del sol y del buen comer. Aznavour me coge de la mano y me sonríe mientras pasa este momento. A veces me empeño en pensar y repensar y darle vueltas a todo una y otra vez. La mente se transforma en una noria averiada que no puede parar de girar y girar. Ningún puño toco esta piel y ninguna patada acabó pateando este cuerpo. Los únicos golpes que recibo son los propios. Los de mi mente y pensamientos que no saben qué hacer y se revelan contra mí. Son ostias que duelen más que las físicas. Son guantazos de recuerdos, de presente y futuro. Estoy en un ring y se vienen encima un par de contrincantes muy duros... Y mira que a mí no me gusta la violencia (sólo la psicológica, eso sí), es más la odio. Sólo me gusta en las películas; pero si tengo que defenderme entonces tendré que dejar que algún estampido abra mi ceja y no salir corriendo. Tendré que tomar aire y lanzar mi pie contra esos enemigos tan peligrosos que uno tiene dentro de sí. Me veré obligado a escuchar mentalmente un ligero vals y convertirme por un momento en el intrépido Hulk Hogan y repartir a diestro y siniestro, aunque sólo sea con la mente puesto que en la realidad soy un gallina. Algún día me quitaré este traje de cuero negro ceñido y tiraré lejos muy lejos este látigo que marca mi piel una y otra vez. Algún día andaré recto y miraré a los problemas de frente, no de lado. Después de unas intensas jornadas en este mi país, me siento como un espectador en la fila de la fila de atrás. ¿Tan difícil es lo que a mí me parece fácil? Seguiré mirando desde la lejanía de la desinformación. La última vez que contemplé tu risa fue hace catorce años. Tu cabeza estaba recostada sobre la cama y nuestras miradas se fundían en un mismo punto. Yo veía como tu pecho subía arriba y abajo acompañado de grandes carcajadas... era divertido... Mientras mordisqueaba un croissant al pasear por el parque esta mañana, has regresado a mi cabeza como si hubiera pasado sólo unos instantes desde aquel sonoro amor del que tanto me enamoré. Catorce años son muchos pero el recuerdo me acaba de asaltar y robar unas lágrimas. Esa última sonrisa vuelve ahora y provoca ecos de melancolía en mi pensamiento. Catorce años... nada... |